Blog sobre Francisco de Goya. Espacio de amistad que aglutine a todos aquellos amigos de Goya o de lo que representa Goya, a la manera de un club on line.

Autor: Real Goya

Goya pinta al fresco en Zaragoza (por Pepe Cerdá)

Hoy he tenido el privilegio de subir a los andamios que han colocado para la restauración de la cúpula pintada al fresco por Goya en la basílica del Pilar de Zaragoza.
Ver de cerca las enormes figuras pintadas hace más de doscientos años por Don Francisco me ha producido encontradas sensaciones.

Por un lado la de estar cometiendo algo incorrecto, obsceno. Estas imágenes no fueron pintadas para ser vistas tan de cerca ni con la violenta iluminación de los focos halógenos empleados por los restauradores. Del mismo modo que no es aconsejable el ver con un microscopio los ácaros que habitan en las pestañas de la más bella de las mujeres. Es una cuestión de escala y de distancia, como casi todas las cuestiones que en el mundo son.   Goya jamás vio su trabajo, y mucho menos mientras lo hacía, tan alumbrado. O lo que es lo mismo: él no pintó, puesto que no vio (y los que pintan son los ojos, y no las manos) lo que yo he estado viendo hoy. Le imagino pintando aterido de frío y al tentón, y a la luz de velas centelleantes o de temblorosas lámparas de aceite. Psicológicamente disminuido por las críticas de su cuñado y del Cabildo.

Se nota mucho que tenía muchas ganas de terminar cuanto antes, de salir huyendo.   Se nota también que no era un especialista decorador al fresco y que pintaba “como podía”, con el arrojo de sus treinta y seis años vividos con coraje, sin que nada se le pusiese por delante. Yo no he visto la tan publicitada “soltura” en la ejecución, más bien he visto rabia, la rabia de resolver  “por cojones” algo que se le torcía. “Soltura “ es la feliz y exacta levedad de los dibujos de Rembrandt, pero en este caso se trata de lo contrario: son feroces restregones con escobas, como alaridos, contra el húmedo muro. Se comete el error al ver estas pinturas de relacionarlas con la accion painting del expresionimo abstracto americano, o del expresionismo a secas, o el desdibuje Picassiano, o de cualesquiera modo de pintar que se le pueda relacionar, aunque este se haya impuesto cientos de años después de cuando él pintó la cúpula. Esto hace que lo presenten como un visionario capaz de adelantarse a su época, cosa que les gusta mucho a los historiadores, pero pensar esto me parece una tontería que no explica en absoluto la cuestión. Él lo que quería era tener éxito, y para esto tenía que pintar como Velázquez y que los frescos le saliesen como a Tiépolo, pero no le salía ni una cosa ni otra.


Otra cosa que se nota es que los bocetos a los que debe ceñirse no son exactamente suyos.  Me explico: su cuñado Bayeu era el director de la decoración de la basílica y no es extraño pensar que impusiera, no sólo la iconografía, sino la “manera” de tratar pictóricamente la cuestión.  Yo, incluso tiendo a pensar, que los acaramelados bocetos de Goya que se conservan en la sacristía del templo se parecen demasiado a los del propio Bayeu que se exponen al lado, y que no es descabellado que el propio Bayeu corrigiese algunos defectos de su chapucero cuñado, por el bien del encargo. Pero yo soy muy mal pensado. No obstante esto explicaría la “mala gana” genial, pero “mala gana”,  con la que están ampliados y traducidos a pintura mural.


No usa el esgrafiado para pasar los dibujos al muro, como solía ser habitual, sino que el dibujo esta calcado con la ayuda de un punzón que al pasarlo sobre el dibujo araña el muro todavía sin fraguar.  No están ni la mitad de las figuras calcadas de esta forma lo que permite suponer que la mayoría se acometieron directamente, sin dibujo previo. Que calcó solo las principales, para hacerse una idea de la escala y que luego intercaló las restantes. Realizó la obra en cuarenta jornadas, o lo que es lo mismo, pintó “al fresco” sólo cuarenta días, comprendidos entre diciembre de 1780 y marzo del 1781 que es el tiempo en el que ejecutó la obra, aunque “repintó” en “seco” (cosa no muy ortodoxa en la época) muchas de las figuras. El tiempo que empleó en la realización de la  obra es extraordinariamente breve para una obra de estas características,  lo que nos permite suponer una condición física y psíquica fuera de lo normal.
Aún le quedaban muchos años de vida y de pintura para demostrar de lo que era capaz, pero eso él no lo sabía entonces.

Ascensión a los muros. 01/02/2008
Pepe Cerdá. Pintor

Publicado en el blog del artista y autorizado expresamente por el artista para ser incluido en esta www.realgoya.com

Goya y Grandville. Sueños

Las visiones y sueños de Goya constituyen un signo de libertad y rebeldía en la raya fronteriza de la creación, de la subjetividad y la Modernidad.  Goya tiene consigo la única compañía de la mente y sus funciones, es decir, la memoria, el pensamiento, las sensaciones, la imaginación y las emociones. Lo cual no es poco para alcanzar resultados que son, en fin, un alarde de imaginación cósmica y de fluidez por la que manan o brotan las iluminadas y transparentes imágenes de alguien, en quien se manifiesta el interés por el inconsciente bastante antes que un Grandville, por poner un ejemplo.

Si sabrá más el discípulo?
Capricho núm. 37 • Aguafuerte, aguatinta y buril • 218 x 153 mm

¿Y quién era Grandville? ¿y cuál fue su interés por el inconsciente?. Dibujante, acuarelista, caricaturista y litógrafo, Jean-Ignace Isidore (Gérard) GRANDVILLE nació el 15 de septiembre de 1803 en Nancy (Francia) y murió en el asilo de alienados de Vanves (Francia) el 17 de Marzo de 1847, a los 43 años, posiblemente por una infección de garganta.

Emparentado con el genio de Goya, sería conocido por sus fantásticos dibujos y caricaturas satíricas creados durante el reinado de Luis Felipe. Se dio a conocer en París, muy joven, con la publicación de las “Metamorphoses du jour” (Metamorfosis de actualidad) en 1829. Se trata de una colección de setenta litografías de híbridos entre humanos y animales. A este respecto el precursor Goya recordemos que había grabado fantasías similares años antes.


Al año siguiente, 1830, accede Luis Felipe al trono de Francia y durante los siguientes cinco años Grandville publicará caricaturas muy críticas con el rey, por su traición a los ideales liberales.  A partir del 4 de Noviembre de  1830 aparece la revista “La Caricature”, que bajo la dirección de Charles Philippon, realiza 251 entregas hasta su último número del 27 de Agosto de 1835. Grandville fue uno de los grandes ilustradores de la revista y el propio Philippon, un gran servidor de la actualidad, le encargaría el cartel de la revista.


La censura a partir de 1835 llevará a Grandville a ilustrar libros, como las ediciones de las “Fábulas de Lafontaine”,  “Los viajes de Gulliver” de Jonathan  Swift,  y el “Robinson Crusoe” de Daniel Defoe.

Con gran éxito tanto de crítica como de público, entre 1840 y 1842 realiza su serie sobre “Los Animales”, con subtítulos, en la que se burla de la sociedad y del gobierno.

Sin embargo los artistas más jóvenes, especialmente los surrealistas, encontraron una mayor inspiración en el extraño Grandville de “Un Autre Monde” (Otro Mundo) (1844), una colección de dibujos anamórficos llenos de fantasía en los que invierte la relación entre el texto y la ilustración. También en las 220 estampas de “Les Metamophoses du Jour” y en “Les Fleurs animées” (Flores animadas) (1847), su desabrida imaginación anuncia signos verdaderamente precursores de la invención surrealista contemporánea, al tiempo que Baudelaire califica a Grandville de “espíritu enfermizamente literario”

El primer artículo de Baudelaire sobre los estados físicos bajo el efecto del hachís, titulado “Du vin et du hashish” (Del vino y del hachís), apareció en 1851, pero sus experiencias con los opiáceos y el hachís habían comenzado hacia 1843, cuatro años antes de la muerte de Grandville.  Reflejo de una época en plena mutación, durante la cual los progresos de la ciencia y de la industria trastornan los modos de vida y la manera de representar el mundo, para Philippe Kaenel “el sueño es una hipótesis, porque nunca lo conocemos más que por su recuerdo, pero este recuerdo es necesariamente una fabricación, un artificio”.

El Dr. Moreau de Tours, a quien visitaba regularmente Baudelaire, concluía que el sueño presentaba similitudes con el delirio y la alucinación, y que estos tres fenómenos habían podido relacionar el mundo consciente y el mundo inconsciente. Otro médico, el Dr. Brière de Boismont, trataba de dilucidar el funcionamiento cerebral y también escribió  sobre las pesadillas y los sueños, no sólo sobre las alucinaciones. Su tratado abunda en casos de sueños singulares, entre los que algunos presentaban similitudes visuales con las ilustraciones de Grandville.

Los intereses artístico y literario por el inconsciente se manifestaban paralelamente. En las Artes, el primer ejemplo de esta nueva objetividad aplicada al estudio de los sueños y del inconsciente se observa en las ilustraciones de Grandville, más conocido en los años 1830 y 1840 como un caricaturista que era considerado a la misma altura que Daumier, Monnier y Gavarni. Muy temprano en su carrera dio prueba de interés por los sueños (Ill. Paraguas)


Füssli, Goya e Ingres mostraban al soñador y la visión del sueño, la presencia física del soñador, así como también su sueño.  Sin embargo Grandville rompe con este tipo de imágenes y así tanto en “Un autre Monde” como en “Metamosphose du Sommeil” (Metamorfosis del sueño) no vemos más que el sueño mismo, como si fueramos testigos del hecho clínico de una sucesión de formas aleatoriamente asociadas.

En 1847, año de su muerte, Grandville publica dos complejas ilustraciones del sueño en “Le Magasin Pittoresque”. La primera, “Crimen et expiation” (Crimen y expiación), acerca del complejo de culpabilidad. La segunda, titulada “Promenade dans le ciel” (Paseo en el Cielo) es menos simple de explicar, según el propio artista. Se sabe muy poco a propósito de estas imágenes, y se ignora si el artista las había soñado él mismo o solamente construido en su imaginación.

En un pasaje situado como apéndice del segundo sueño, Grandville considera la posibilidad de que acontecimientos cotidianos, o incluso la circulación sanguínea, afecten al sueño. En este sentido, los comentarios de Baudelaire sobre Grandville dan a entender que encontraba en él una gran propensión a las ilustraciones analíticas: “Antes de morir aplicaba su voluntad, siempre obstinada, de anotar de forma plástica la sucesión de sueños y pesadillas, con la precisión de un escenógrafo que redacta el discurso de un orador. El artista Grandville quería, sí, que el lápiz explicase la ley de asociación de ideas…..” (Charles Baudelaire en sus Obras Completas).

Los amigos más cercanos de Grandville recordaban que en los meses precedentes a su locura y muerte, en 1847, tenía presentimientos de su muerte, soñaba con apariciones extrañas y sufría de alucinaciones.

Dadas sus predilecciones científicas, podemos ver en sus ilustraciones, no pocas, indicios de gran familiaridad con las investigaciones de la Medicina. Por ejemplo, en la edición de 1838 de los “Voyages de Gulliver” (Los viajes de Gulliver), representa un intercambio de cerebros, preludiando la transferencia de personalidad entre los dos receptores; demostraba así su conocimiento de las disecciones de cerebros practicadas por los frenologistas.  “Le Cauchemar” (La Pesadilla) de Grandville es también prueba de su conocimiento de las vías por las que los sueños provocan sentimientos de miedo o de terror:  en su sueño revive las experiencias diurnas y muestra algunos sueños corrientes, como la caída en una escalera.

Finalmente, las ilustraciones de Grandville permiten medir, tanto los conocimientos, como a los escritores sobre el inconsciente en los años 1830 y 1840. Antes de que Courbet manifestase su interés, como más tarde lo hizo en la época en que estaba  en París con Baudelaire,  Grandville fue el artista más curioso de este tipo de nueva investigación. Pero permaneció como ilustrador, aunque trabajando en un medio donde introducir semejantes cuestiones científicas. Courbet, a su vez,  favorecerá más tarde la aparición de este tema, que será un componente clave de la materia realista, en la corriente general de la pintura. Con lo que el mismo Courbet parece apuntar en dirección del arte de Gauguin, de Munch, de Redon y del Picasso azul y rosa, en el que las figuras adormecidas o en trance de soñar, la imaginación onírica, vienen a constituir un tema mayor de la corriente general de la pintura de vanguardia.

GdD

Goya y Callot

Jacques  CALLOT, nacido en 1592 en Nancy, Francia,  y muerto en la misma ciudad el 24 o el  25 de marzo de  1635, es uno de los grandes grabadores de la historia aunque hoy sea prácticamente un desconocido para el gran público. Sus aportaciones, tanto en la técnica como en la temática, fueron más que notables y así se le tiene considerado hasta hoy día, influenciando en gran medida la evolución del grabado y la concepción de los temas a tratar, así como  su muy personal manera de enfocar todos los asuntos.

Callot es uno de los aguafuertistas más importantes de todos los tiempos, y se sabe que realizó más de mil quinientos grabados. Muy joven, a los 12 años y llevado por una irresistible ambición de llegar a ser un gran artista, partió para Roma y Florencia, ciudad en la que realizó una larga serie de aguafuertes  que viene  a suponer una verdadera representación de la  Commedia dell’arte.  Con una técnica y una estética revolucionarias, muy personales, representa escenas de la vida con sinceridad y exactitud. Crea escuela “a la manera de Callot” y entra a formar parte de la corta nómina de los más grandes grabadores de la historia del arte.

 

Grandes Miserias de la Guerra.
Juego completo de 18 aguafuertes 
Todos: 80 x 185 mm.

 

En 1614 entra al servicio de Cosme II de Médicis y realiza, entre otros, sus Caprici di varie figure y la gigantesca Feria della Impunetta, una de las obras maestras del grabado. Hace de  todo y triunfa en todos los órdenes.

En 1621, a la muerte de Cosme II, regresa a Nancy, capital del ducado de  Lorena, en la que realizará en 1633 su obra maestra, Grandes Miserias de la Guerra, inspirada al menos en parte en el exterminio del pueblo, la desolación y la ruina tras la invasión de la Lorena decretada por Richelieu. Se trata de una terrible representación de las barbaridades realizadas durante la Guerra de los Treinta Años, perfectamente comparable por su calidad con los Desastres de la Guerra de Goya, a quien inspirará sin duda tanto en los Caprichos, como en los citados Desastres de la Guerra.

 

Grabado número 11 de la serie de 18, titulado The hanging (El ahorcamiento)

 

El final de su muy fecunda  carrera sera igualmente notable, destacando su famosa Tentación de San Antonio realizada poco antes de morir en marzo de 1635.

 

Detalle de “El ahorcamiento” de Jacques Callot, 1633.

 

Por otra parte Jacques Callot fue el primer artista en la historia del arte que, en lugar de glorificar el coraje , la fuerza, la muerte heroica y la guerra, prefiere representar el horror y las miserias de la guerra y habrá que esperar dos siglos hasta que Goya  reprenda el tema de la guerra,  bajo el mismo ángulo, así como considere a los pobres y desheredados como los auténticos protagonistas de la historia.

Mostramos, a manera de ilustración, una escena de sus Grandes Miserias de la Guerra (*), el grabado número 11 y un detalle del mismo en el que podemos advertir concomitancias dignas de ser subrayadas con el goyesco desastre 14 Duro es el paso! en el que Goya, como Callot, representa con auténtico patetismo la simultaneidad de la muerte y la presencia de un fraile, que intenta reconfortar espiritualmente a uno de los condenados.

GdD

 

 

14. Duro es el paso!
Francisco de Goya, circa 1810-1815. Aguafuerte, aguada bruñida, punta seca y buril. 143 x 168 mm.

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